Los docentes, en el empeño de mantener alumnos motivados y felices, podemos cometer el error de crear "pequeños monstruos" que no sean capaces de tolerar errores, equivocaciones o fracasos.
La frustración es el sentimiento que surge cuando no logramos nuestros deseos y, de acuerdo a la intensidad de la frustración y a nuestras propias características personales, reaccionamos con molestia, ansiedad, depresión, angustia, enojo, etc.
Sin embargo, la base del problema no está en el dolor y la frustración que vivimos, sino en nuestra actitud ante ellos: actuamos como si el malestar y el sufrimiento pudieran acabar con nosotros. Por tanto, tolerar la frustración significa poder enfrentar los problemas y limitaciones que tenemos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que nos puedan causar.
La baja tolerancia a la frustración implica una sensibilidad excesiva hacia todo lo desagradable, que funciona como una lente de aumento, magnificando el lado malo de cada situación.
La frustración es parte de la vida. No podemos evitarla, pero si podemos aprender a manejarla y a superarla.
Cuando un niño es muy pequeño, cree que el mundo gira alrededor de él. Piensa que se merece todo lo que quiere, en el momento en que lo quiere. No sabe esperar, porque no tiene el concepto de tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás.
Considera sus deseos como si fueran necesidades y esta confusión es consecuencia de la actitud de los padres ante las necesidades básicas de sus hijos: el llanto del bebé ha sido muy útil para reclamar la atención de los padres para que le atendieran en ese momento.
La confusión de los niños llega cuando éstos crecen y empiezan a ser autónomos y “necesitan” otro tipo de cosas además de atención, comida, aseo, sueño y que le calmen la ansiedad. Necesita/desea que estén con él todo el tiempo, necesita/desea que le den algo que ha visto y le ha gustado…. Y ahí es cuando lo padres deben empezar a establecer la diferencia. No todo lo que pide el niño ha de ser satisfecho inmediatamente ni todo lo que se le antoja se le debe proporcionar al instante.
Por eso, cualquier límite o cualquier cosa que le niega, lo siente como algo injusto y terrible. No puede entender por qué no le dan lo que él desea. Se siente frustrado y despojado de lo que "necesita" en ese instante. No tiene las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar su malestar.
Si los padres o las demás personas le dan siempre lo que pide y en el momento en que lo hace, no aprende a "aguantar" la molestia que le provoca la espera o la negación de sus deseos y al llegar a la edad adulta, sigue sintiéndose mal ante cualquier límite o ante la necesidad de posponer una satisfacción. Siente que necesita eliminar inmediatamente dicho malestar.
La poca tolerancia a la frustración provoca que, ante cualquier incomodidad, nos desmotivemos y abandonemos nuestras metas y proyectos. Que nuestros deseos pierdan importancia. Esta falta de tolerancia está relacionada con las creencias que implican que mi vida debe de ser fácil, cómoda y placentera todo el tiempo. Que es horrible e intolerable sufrir cualquier molestia que va más allá de cierto nivel de intensidad o de duración.
Pero siempre podemos aprender a ser más tolerantes ante la frustración. Porque la frustración es parte de la vida y es inevitable. Para ello necesitamos tener paciencia. La paciencia no tiene nada que ver con la necesidad y tiempos de espera, sino con la fortaleza para enfrentar el dolor sin perturbarnos emocionalmente.
Tenemos que enseñar a nuestros alumnos a aceptar el fracaso y el error como algo consustancial a la persona humana.
Los niños deben descubrir el proceso de toma de decisiones, a un nivel inicial y resumido, y aplicarlo a pequeños problemas que le son habituales y que por comodidad o por rutina confía en que sean los adultos quienes se los vayan resolviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario