Después de más de un año sin publicar nada en mi Blog, vuelvo a la carga con un extracto de un artículo de José Antonio Marina que no tiene desperdicio.
William James dijo hace más de un siglo que “toda nuestra vida en cuanto a su forma definida no es más que un conjunto de hábitos”.
Los investigadores de la Universidad de Duke han estimado que más del 40% de las acciones que realizan las personas cada día no son decisiones de ese momento sino hábitos.
En los últimos años las investigaciones de Larry Squire han mostrado que el cerebro tiende a formar hábitos para ahorrar esfuerzos. Al observar cómo una rata aprendía a encontrar un cebo en un laberinto vieron que al principio los ganglios basales trabajaban mucho y luego, cuando la rata conocía la trayectoria, su actividad disminuía.
Si dejamos que utilice sus mecanismos, el cerebro intentará convertir casi todas las rutinas en un hábito, porque así ahorra energía. Nos permite automatizar conductas, sin tener que aplicar la atención, que es un recurso escaso. La capacidad de adquirir hábitos complejos se mantiene incluso en personas que sufren grandes daños en su memoria.
También sabemos que los mecanismos subconscientes del hábito influyen en infinidad de decisiones que parecen ser fruto de un pensamiento bien razonado, pero que en realidad están bajo la influencia de impulsos que la mayoría de nosotros apenas conocemos o comprendemos.
La repetición establece una rutina que se desencadena al aparecer una señal, y que permite alcanzar un premio que actúa como reforzador. El electroencefalograma presenta dos picos y un valle. El primer pico es el momento en que el cerebro decide entregar la acción a un hábito. El segundo, cuando consigue la recompensa. De esto se ocupan pequeños grupos de células del estriado, en el centro de los ganglios basales, que se encargan de “empaquetar” todo el proceso.
Cuando el hábito se ha establecido, la señal y la recompensa se superponen, produciendo un fuerte sentimiento de deseo y de expectación. Eso es lo que da fuerza al hábito. “Los hábitos especialmente fuertes producen reacciones similares a las adicciones, de modo que desear se convierte en un ansia obsesiva que puede obligar a nuestro cerebro a poner el piloto automático incluso en presencia de fuertes factores disuasorios como perder la reputación en el trabajo, el hogar o la familia. De hecho los neurólogos están empezando a considerar la adicción como un hábito normal, pero más intenso.
El Colegio y la familia deben de ser auténticas escuelas de hábitos. Estos nos proporcionarán y les proporcionarán el tiempo necesario para poder desarrollar la creatividad y el potencial de nuestras chicas y chicos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario